Sí, lo recuerdo. Recuerdo que la vida le concedía un brillo atrevido en los ojos para mirarme por el retrovisor, recuerdo a mi lujuria sentirse mimada y el toque suavecito al corazón. A veces nos saltamos los momentos, le puse demasiados requisitos al destino y dilaté, en un exceso de razón, el encuentro más allá…
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